El Espíritu Erótico es un concubinato simbiótico o unión libre entre la plástica, la poesía colombiana y la poesía de otras geografías y épocas. Recoge en sus páginas, en una actitud promiscua, la pluralidad estilística y la diversidad ideológica de seres que han compartido en una religiosidad cósmica, los sueños de la razón y la emoción. Es un recorrido visual y verbal que reúne lo disperso en el espacio y en el tiempo en torno a un tema: el erotismo, mezcla explosiva de pasión y lo-
cura, de calma, emoción y desespero que siempre ha estado presente en las leyendas de la creación del hombre, contadas por los juglares de los fríos amaneceres cundiboyacenses, por los cantores de los cálidos y helados aires mediterráneos y por los apóstoles de los desiertos hirvientes y bíblicos del Medio Oriente.
"Es preferible tirar para amar que tirar a matar", le decía al oído la diosa Chía a su hijo Chiíta, mientras este bramaba de placer y sembraba en el vientre incestuoso la semilla de la humanidad. Por la misma época, en otras tierras, Zeus, el padre, el propio en la mitología griega, llevaba una rutinaria vida marital con su hermana Hera, la diosa del matrimonio. Pasado un tiempo prudencial, Zeus, aburrido, voló a enamorar a otras muchachas. A Europa la sedujo transfigurado en toro y a Leda la poseyó transformado en cisne. El incesto, como Chía, la infidelidad, el camuflaje y la zoofilia, fueron sus grandes legados a la humanidad.
Adán y Eva en el lejano paraíso, desnudos e inocentes, también se dejaron tentar por el demonio de la carne; éste, disfrazado de serpiente, los enculebró con su creador, los indujo a probar los frutos del amor prohibido y debido a la ausencia de un culebrero que los rezara y les quitara el maleficio los expulsaron del jardín de la felicidad, condenados a sudar por toda la eternidad. Parieron a Caín y Abel. |