Eduardo Hoyos. Sin título, 2005. Acuarela sobre papel. 70 x 100 cm
 

Un día del año 1987, Guinard se encontraba en una orgía onírica con Amparo Grisales y Margarita Rosa de Francisco, dos de las mujeres más bellas, exóticas y sensuales de Colombia, por lo sobrecogedor de la faena, lo tumbaron de la cama. Ya despierto y con el coxis maltratado tuvo una visión: se le apareció la Virgen María entre una nube de humo como la que invade los escenarios en los conciertos de rock.

La Virgen le pidió que, para contrarrestar el olor a cadaverina que se respiraba en Colombia, realizara dos obras que mostraran la parte amable, sensual, lúdica y erótica de los colombianos que viven en una sociedad caracterizada por la falta de afecto.

 

El primer deseo lo cumplió en el año de 1990 cuando publicó El Espíritu Erótico. En el libro participaron más de ciento treinta poetas y artistas plásticos colombianos, al lado de poetas de otras geografías y otras épocas. El libro fue presentado en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MamBo) y tuvo muy buenos reconocimientos en la prensa escrita.

Para la edición de este libro, Guinard tuvo que empeñar la pierna izquierda de su mujer y rechazar la ayuda de un banquero que le ofreció puesto de cajero automático en Apartadó, un pueblo de la región del Urabá antioqueño perdido e inmerso en la guerra y el llanto.

 
 
 

En este proyecto colaboraron el poeta nadaísta Jotamario Arbeláez quien realizó la antología poética y Álvaro Chaves Mendoza, director del Departamento de Antropología de la Universidad Javeriana y ex presidente del Instituto Colombiano de Antropología e Historia quien escribió un ensayo sobre el Erotismo Prehispánico.

 

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En el año 2000, Guinard inaugura, en una galería bogotana, en el marco de la I Bienal de Amor y Éxtasis de Bogotá, el Museo Arte Erótico Americano MaReA con una fiesta en la que mostró pinturas, dibujos, aguafuertes y esculturas.

El día de la inauguración del MaReA, en la Galería Iber de Bogotá, actrices y actores del grupo Acto Latino y otros artistas invitados presentaron performancias que despertaron la libido palpitante en medio de humo, luces y panteras adolescentes. Vergardientes y Morboskayas fueron catados por los invitados quienes alegraron su espíritu erótico entristecido a veces por la barbarie cotidiana.

El MaReA es un museo itinerante que está en marcha, es un valioso esfuerzo a los méritos de un trabajo. Afrontamos los retos y pensamos a largo plazo, no sólo nos contentamos con ser el primer Museo de Arte Erótico de América sino esperamos que sea un digno exponente del arte erótico integral.

 
Eliécer Ochoa y Martín Miranda
   
     
   
 
 
   
 
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