La
performancia de Margarita Ariza, pintora de gran fuerza expresiva
y artista con una gran sensibilidad social, se realizó con
la complicidad de las personas asistentes al happening del MaReA en
Arte Espacio. Mientras Mister Gómes en Bombay alegraba con
su música a los asistentes, Ariza quien se encontraba exhausta
por tanto voltaje que había botado en la exposición
de Los ángeles clandestinos y en el envío de millones
de correos electrónicos a sus innumerables internautas conocidos,
se introdujo en el ataúd, el mismo en que la han de enterrar
cuando cumpla su periplo por este valle de lágrimas, y como
cosa rara se quedó dormida. El cansancio la fundió pues
parecía poseída por el dios Zeus que se había
disfrazado de hipnótico.
Su
féretro fue sacado por algunos dolientes que lo montaron en
una zorra tirada por un caballo trasnochador. Mientras Verona, como
una llorona loca, gritaba la pérdida de un ser humano tan excepcional,
el zorrero guiaba a la bestia por los alrededores del barrio. |