Y luego. vino y más vino, y palabras.
Me gustan los nadaístas por su espíritu erótico, creador, rebelde, contestatario, libertario, desenbrutecedor y humorístico. Me gustan mucho los textos del profeta de la nueva oscuridad quien fundó el nadaísmo para “tener una cama, y sobre la cama una mujer, y sobre la mujer el cielo. Pero sobre todo por una necesidad terrible de amar y ser amado… Y no me disculpo por poner el arte al servicio del amor “.
Me encanta La colegiala desnuda, y La Venganza china, y el Santa Librada College, y Los Inadaptados no te olvidamos Marilyn, de Jotamario, el tres veces rey coronado de la poesía en Colombia; y Mamá-negra y El cuerpo, y el Aviso a los moribundos, y La perorata, y la Sarta del río Cauca, y casi todo lo de X-504, hasta su manera de ser.
Y me gustan algunas canciones de Pablus, y algunas poesías de Eduardo Escobar, y me encanta El Monje Loco, el más nadaísta de todos los nadaístas.
En 2007 se cumplieron los primeros cincuenta años de la fundación del Nadaísmo, el movimiento que de una trompada le torció la jeta a los dormidos, que transformó la realidad y construyó un nuevo sentido. ¿Se puede pedir más?
Por eso, ahora, el MaReA lo recuerda. Y exalta a los muchachos que fundaron este movimiento como maestros de la vida, la libertad y el desorden, y como cómplices del Espíritu Erótico.
Si Gonzalo Arango estuviera vivo tendría 76 años y no hubiera sido presidente de la Academia de la Lengua pero sí presidente de Colombia.
La mayoría de intelectuales colombianos como Monseñor Pedro Rubiano, Jorge Valencia Jaramillo, Guillermo González, Héctor Abad Faciolince, Milcíades Arévalo, Hugo Chaparro, Germán Pinzón, Ramón Jimeno, Andrés González, Juan Carlos Botero, Fernando Soto Aparicio, David Sánchez Juliao, Oscar Collazos, José Luis Díaz-Granados, Santiago Mutis, bajo diferentes perspectivas, respetan parcialmente al nadaísmo y rescatan valores individuales. Los más desmadrados piensan que fue un movimiento fugaz, que alquilaron la pluma a la prensa, que aterrizaron en la publicidad, que en el país de los poetas, Gonzalo Arango no es poeta porque no es un creador de metáforas, que fracasó como poeta, que bla, bla, blá. Eso dicen de un creador que se inventó un movimiento, de un creador que cambió la percepción de una juventud embrutecida, de un creador que siempre estuvo en constante cambio, que evolucionó de aspirante a graduarse de imbécil en la universidad a líder de una generación desencantada, que involucionó de líder de una generación desencantada a líder de una minoría encantada. Este personaje y poeta fué el que le dijo a los desmadrados lo siguiente:
“El poeta es un solitario inadaptado, lobo hambriento que odia el rebaño, y si hace estragos en el redil no es por hambre, sino porque el lobo ama la libertad, y la soledad le pesa como un castigo.
“Entonces aúlla, espanta y extiende el terror para recordarle al rebaño que existe, que la tierra gira y la vida pasa, que es peligroso dormir sin soñar, y que ahí está él como un centinela de la noche para desatar el terror y limpiar los pecados del mundo con la sangre del cordero.
“¡Alerta...! Cuando el lobo aúlla es presagio de que el mundo duerme y hay que despertarlo con la trompeta del ángel. Porque la misión del poeta es aullar como los lobos para despertar a los que duermen, y no dejar dormir a los que sueñan.
“A veces topo oscurecido, a veces loco de atar, el Nadaísmo sigue viendo por la poesía, rompiendo cadenas, liberando”.
“Como en su primitiva edad de hierro, el Nadaísmo toma sus armas de pistolero que no dejaban entrar al palacio de la cultura, para asaltar los caminos de la juventud y poner ¡manos arriba! a los asesinos de su alma”.
Conocí a Gonzalo Arango en el año 1971, en la Isla de San Andrés, durante la realización del II Festival de la Canción Protesta organizado por el cantante Leonardo Álvarez, Ricardo Matamoros, Mauricio Ordoñez y Jaime Díaz García Herreros.
Jaime Díaz era el secretario de la Carrera de Derecho Internacional y Diplomacia de la Universidad Tadeo Lozano; Leonardo era uno de los cantantes que más discos vendía en Colombia; se presentaba en televisión, en clubes sociales, en festivales de la canción, se le entregaban las más bellas modelos y reinas, ganaba mucha plata, era muy buena persona y gastador.
Ricardo Matamoros era un amigo de la infancia, especialista en mujeres y en negocios, cuando lo conocí, yo tenía 12 años y él quince, había tenido más de treinta novias y por la época ya cambiaba un par de zapatos por una boca de chicle; Mauricio Ordoñez era amigo de Leonardo y Ricardo, y por ende amigo mío. Los tres eran estudiantes aventajados de Derecho Internacional y Diplomacia de la Tadeo. Por unos magníficos honorarios yo les ayudaba con los trabajos investigativos de Geopolítica, La crisis del Congo Belga, y sobre muchos otros temas de investigación relacionados con la carrera. Mis amigos no me invitaron al festival porque era un pobre diablo, pero allí me aparecí.
Cuando Matamoros me vio tan pobre, como eran los nadaístas cuando eran pobres, torció la jeta y me dijo que no me podía ayudar con la dormida pues todas las habitaciones del hotel estaban reservadas para los cantantes, los jurados, los músicos y los invitados especiales, sin embargo me autorizó a descansar temporalmente en la cama que estaba reservada a Gonzalo Arango, mientras él se aparecía. |