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Samuel Muñoz nunca trabajó con modelos, sin embargo sus niños y niñas son una mezcla increíble de facciones burguesas con espíritus desesperanzados. Engendros poéticos de la pintura y la realidad. Melancolía de la infancia de este país y de este planeta enfermo de muerte, melancolía no causada por la bilis negra, ni por los desastres naturales, ni por los desamores que recuerdan los frutos desaparecidos del placer y de la pasión erótica, amorosa y afectuosa. Melancolía conformista y pesimista.Tristeza infinita. Entonces, ¿para que traer más vida a la muerte?, ¿para que traer más hijos al mundo sin su permiso?, ¿y a qué?, y ¿para qué? ¿Sólo para pintarlos, así no existan sino en la realidad de la pintura? |
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Estos son los resortes íntimos que percibo en la obra del maestro Samuel Muñoz. No sé si serían sus sentimientos personales, es muy difícil descubrir los resquicios de la motivación, la creación y la expresión, pero al fin y al cabo es mi realidad, mi idea de su realidad, y esa es la única realidad que existe, por lo menos para mí. Además creo que al maestro le importaba un pepino lo que pensaran de él y de su obra, como le importaba un pepino la política, y el fútbol, y el tiempo, y la vida, y la muerte, y la inmortalidad. Y uno aquí tratando de inmortalizarlo. ¿Y usted qué opina? |
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