Los niños secretos, verdaderos y pictóricos de Samuel Muñoz

Por Fernando Guinard

Esta exposición virtual no tiene escenas de sexo, ni de violencia, sólo un poco de melancolía.

“No tengo nada mejor, por el momento” dice el maestro Samuel Muñoz a todos los nigromantes que realizan y ven esta exposición en el MaReA.

Samuel Muñoz es un habitante de las tinieblas de la realidad. Artista solitario, sonriente, pinta  niños que habitan la realidad pictórica de la dimensión de la melancolía, niños que no sonríen, que no miran de frente, niños sin una molécula de felicidad, niños de mirada triste como la triste realidad que los agobia, héroes que asumen la tragedia real del futuro incierto que les espera,  niños depresivos, o duales, alienados por los estertores de la insensibilidad. Es un fiel representante del Arte Moderno que ve, a su manera, la resignificación de una realidad estética.
 
Su obra es una metáfora repetitiva de formas y colores humanizados que pretende mostrar la voz de la infancia melancólica de este país y de esta humanidad. También trata de descretinizar a los cínicos gestores del desamor y la tragedia que nadan entre los mares de la insensibilidad, cínicos a quienes no les tiembla la mano para firmar  contratos leoninos para apropiarse de los derechos intocables de los niños; cínicos que prefieren salvar la vida de sus animales reproductores de dinero a salvar la vida de los hijos de sus esclavos ignorantes y sometidos, y carentes de los disparos de la dignidad.

     
 
 

Samuel Muñoz nunca trabajó con modelos, sin embargo sus niños y niñas son una mezcla increíble de facciones burguesas con espíritus desesperanzados. Engendros poéticos de la pintura y la realidad.

Melancolía de la infancia de este país y de este planeta enfermo de muerte, melancolía no causada por la bilis negra, ni por los desastres naturales, ni por los desamores que recuerdan los frutos desaparecidos del placer y de la pasión erótica, amorosa y afectuosa. Melancolía conformista y pesimista.Tristeza infinita.

Entonces, ¿para que traer más vida a la muerte?, ¿para que traer más hijos al mundo sin su permiso?, ¿y a qué?, y ¿para qué? ¿Sólo para pintarlos, así no existan sino en la realidad de la pintura?

 
 
 
   
 
 
   
Estos son los resortes íntimos que percibo en la obra del maestro Samuel Muñoz. No sé si serían sus sentimientos personales, es muy difícil descubrir los resquicios de la motivación, la creación y la expresión, pero al fin y al cabo es mi realidad, mi idea de su realidad, y esa es la única realidad que existe, por lo menos para mí. Además creo que al maestro le importaba un pepino lo que pensaran de él y de su obra, como le importaba un pepino la política, y el fútbol, y el tiempo, y la vida, y la muerte, y la inmortalidad. Y uno aquí tratando de inmortalizarlo.
¿Y usted qué opina?


   
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