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Como “astros”, “monstruos”, “artistas”, definen algunos comentaristas del fútbol a los jugadores que realizan jugadas insólitas como “el escorpión” del colombiano René Higuita.
El empleo de comentarista es uno de los cargos más deseados y mejor pagados del escenario del fútbol. Y se pavonean por los medios de comunicación como vedettes pedantes pero insulsas. Es un trabajo suave, no hay que tener algo especial como la sencillez o la inteligencia, solo un micrófono para expresar barrabasadas.
Ya se han burlado de los comentaristas los "intelectuales" de la revista SoHo. Los “recomentaristas” que desde la barrera estigmatizan a los semidioses del Olimpo del fútbol, se burlan de ellos por su bajo nivel intelectual, porque son patanes, tienen caja de dientes y se inventan verbos como “recepcionar”, porque tienen cincuenta años y le hacen el amor a las muchachas que los “recomentaristas” apenas desean, porque sí, porque no. En fin.
Los astros del fútbol, metáfora de aquellas estrellas que brillan con luz propia, son los jugadores que meten goles insólitos, se persignan, rezan, van a misa, enamoran a las hinchas, las preñan, las abandonan. Y son los ídolos cuyos seguidores comulgan con ellos dos veces por semana dejandoles los diezmos con el furor de su devoción incondicional.
Comentaristas de fútbol ha habido algunos muy buenos. “Un hincha azul” era la columna del periódico El Tiempo que leían los niños alienados por la danza del fútbol. “Maravilla” Gamboa y Marino Klinger constituían la dupla más demoledora de la época de los sesenta, cuando Millonarios ganaba muchos títulos. ¡Qué tiempos aquellos! Era la época del apogeo de la Contracultura de la juventud deseosa de cambios estructurales en las relaciones con la realidad y la locura.
Hernán Peláez Restrepo siempre me ha parecido un gran señor así haya dirigido la ordinariez de un programa radial llamado La Polémica. Sin embargo, Peláez es muy ecuánime, sencillo e inteligente, buen analista y con un gran sentido del humor que lo ha convertido en un ser multidisciplinario y multidimensional.
Muy bueno es también el maestro argentino Jorge Barraza, claro, conciso, certero, una pluma muy sabrosa de leer. Tal vez es el mejor columnista del periódico El Tiempo de Bogotá:
Hay analistas del futbol que son para las meras vergüenzas, vulgares como hinchas descerebrados. Y se expresan todos los días, a todas horas, contaminando con su verborrea el aire viciado de una atmósfera vacía de contenidos desembrutecedores.
Muchas de las frases sueltas de sus análisis que nunca llegarán a entrar a la categoría de frases célebres, han sido atrapadas por el artista Luis Alberto Ángel, ex arquitecto y ex político exitoso, que mandó a la mierda todas las convenciones que lo agobiaban, se lanzó al mundo del arte con el desparpajo de un impúber que percibe en las frases inocuas de narradores y comentaristas, un mundo de fabulaciones eróticas, rico en contenidos y jugadas placenteras y estéticas. |
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