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La danza caligráfica de Edgar Francisko Jiménez

La intención original de Edgar Francisko Jiménez  (Pijiño, Magdalena, vive en Canadá) era estudiar grabado en China; pero cuando descubrió el potencial de su pintura tradicional, decidió explorar este camino. La primera idea que invoca la pintura china es que repite modelos sencillos y monótonos que han empezado a cansar a los jóvenes tanto como las óperas tradicionales con sus temas de siempre. Si uno examina con cuidado la obra de los artistas chinos advierte la sutil diversidad de sus escasos elementos compositivos y la singular poesía de su sobria escala tonal.

Existen dos corrientes principales en la pintura tradicional china. Una llamada gong-bi, que propone reproducir la realidad con la detallada minuciosidad de la fotografía llegando incluso, en un alarde de virtuosismo técnico, a la perfección reproductiva del hiperrealismo aunque sin su fundamento conceptual. La otra se denomina xie-yi y expresa una idea de manera imprecisa, más afín con el impresionismo o el expresionismo, si bien de diferentes postulados ideológicos, a través de una pincelada suelta y única que evita los retoques o agregados artificiosos. En esta disciplina algunos pintores alcanzan la abstracción parcial o total a partir de manchas insinuantes de algún tema, proyectado con una absoluta economía de trazos. Se dan casos en donde las dos tendencias se combinan. Se trata de una visión subjetiva, en ocasiones fantástica o simbólica, del mundo real.

La pintura china tiene cuatro especialidades. El paisaje (montaña y agua); personas y animales (retratos humanos, tigres, búfalos, caballos); pájaros y flores (aves de todo tipo y una flora abundante), y la caligrafía que es un género en sí misma.

Francisko se especializó en el paisaje de escuela xie-yi, modalidad que reproduce montañas que se reflejan en el agua tranquila de un lago o un río con sus elementos característicos como barcazas, árboles o figuras incidentales que se integran a la totalidad. En China su trabajo consolidó una concepción ritualista que ya había experimentado antes.

Su temática sigue fiel a un camino innovador que se alimenta de los ideogramas de la escritura china para conformar imágenes antropomorfas que dramatizan la danza en sus diferentes manifestaciones.

Desde su viaje a China, tanto en su pintura como en su obra gráfica, los protagonistas han sido la pareja o el solista que se contorsiona electrizado por un ritmo tropical en una atmósfera de colores vibrantes y enfáticos. Si bien en Colombia era la cumbia, en el lejano oriente amplió su interés a otras cadencias como el ballet o las danzas rituales de remotos antepasados. En su consideración de la música implícita en esta pintura, no sería desatinado recordar a destacados predecesores que han dejado huellas en su obra como Degas, Toulouse Lautrec o Henri Matisse.

En la tradición de la caligrafía china, sus figuras esquemáticas se perfilan a través de pinceladas precisas y rápidas que dan esa sensación de movimiento. Su obra es una síntesis inteligente de la austera tradición caligráfica china y la modalidad cromática de occidente, lograda con robustos acrílicos y tintas sobre lino o papel, así como la impronta exuberante  del color en su etapa actual de preferencia abstracta.
 
Eduardo Marceles Daconte

Tomado de su libro Los recursos de la imaginación –Artes visuales del Caribe colombiano-  Pagina 233
Barranquilla, Enero de 2008