Bogotá, 1962
 
   
Un envidioso, que no soportaba ver a un dibujante contento inmerso en los centros del placer, escribía así de Lautrec: sacaba sus modelos de los lupanares, las toscas, los bailes de candil, de donde quiera que el vicio deforme los rostros, embrutezca la fisonomía y haga subir a la cara las deformidades del alma.
Es uno de los pocos pintores que se han especializado en el erotismo y que ha trabajado hasta quedar exhausto el tema de El pintor y la modelo. Se autorretrata en sus diferentes edades cronológicas y facetas eróticas. Sus modelos, amigas, novias, concubinas, amantes, trabajadoras sexuales, adolescentes seducidas por la eternidad que brindan los pinceles, dejan sus efluvios en las telas que sirven de sostén a las aventuras amorosas. Prostitutas de burdel caro que acompañan al pintor enamorado a las buhardillas decoradas con cuadros de su autoría, sonríen cuando mencionan las poses que en ocasiones resultan bastante acrobáticas. Todas coinciden en que el trabajo con Correa es extenuante, luego vienen las carcajadas y, finalmente, le entregan sus caricias.
Correa, admirador de Picasso, hijo ilegítimo más no bastardo, trabaja formas cubistas, planos que se desdoblan, espacios que se mueven caprichosos para aprisionar las formas sensuales.

La vida te da sorpresas Hernán Darío; las ví en tu cara mientras repasabas cada una de tus propias obras mostrándomelas. El sorprendido eras siempre tú Hernán Darío, no yo. Así debe ser. Una buena obra debe sorprender a su autor cada vez que se la encuentra y, a veces, incluso asustarlo. Por eso me gustó tu obra; por los elementos inconclusos o imperfectos que quedan allí, sin preocupación alguna de tu parte porque sabes que serán precisamente esos los que te guien de obra en obra y de sorpresa en sorpresa. No te preocupa mucho el error porque intuyes de alguna manera que saber sumar bien los errores puede ser una virtud, sobre todo en este mundo nuestro donde el acierto estético es absolutamente relativo. Para algunos, entonces, serás relativamente buen pintor y yo un relativamente buen admirador de tu obra. Pero para mí, eres un pintor asustado con los buenos resultados de tu trabajo. Los buenos resultados son escasos, Hernán Darío y la responsabilidad que esto implica es lo que asusta.
De tu temática no hablo; me interesa más tu actitud (tu ímpetu, tu audacia) y la seguridad con que maltratas una superficie (esto, para mí, es fundamental).
Adelante Hernán Darío; sigue pintando con sorpresa y con susto, con sobresalto y con alegría y con sobretodo, con la pasión que evidencian tus brochazos. Pinta bien y preocúpate también por pintar mal; !sólo así te seguirá dando sorpresas la vida!

PEDRO ALCÁNTARA HERRÁN. 1987
   
 
Muchacha de la Mansión, 2002
Óleo sobre lienzo
100 x 80.5 cm
 

Estudios

Entre 1980 y 1982, estudió con David Manzur quien lo expulsó porque se carcajeaba de manera estridente, y despertaba a las señoras que mataban su tiempo en la Academia.
En la Universidad Nacional de Colombia, en los cursos libres, estudio dibujo y pintura, entre 1982 y 1983



Exposiciones

1985 Museo de Arte Contemporáneo, Bogotá. Planetario Distrital, Bogotá (colectiva). Fundación Gilberto Alzate Avendaño, Bogotá. Salón Regional de Tunja (Colectiva)
1986 Galería Aymarú, Bogotá (Colectiva)
1987 Galería El Séptimo Círculo, Bogotá (Individual)
1990 Biblioteca El Centenario, Cali (Individual)
1991 New Expressions in Colombian Art, Lankershim Arts Center North Hollywood, USA (Colectiva)
1993 Veronicas Treasure Gallery, Miami (Colectiva). Galería Arte Moderno, Cali (Individual)
1994 Sala Múltiple de la Pontificia Universidad Javeriana, Cali (Individual)
2000 Museo de Arte Erótico Americano MaReA-Iber Arte Galería, Bogotá (Colectiva). Galería Salamandra, Cali (Individual)
2001 Iber Arte Galería, Bogotá (Individual)
2002 MaReA-Galería Emerio Darío Lunar de la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia, Maracaibo, Cuerpo presente (Colectiva)
2003 Galería Café Libro, Bogotá, Homenaje a Leonel Góngora (Colectiva)

 
     
         
   
Escena de alcoba, 2000
Óleo sobre lienzo
79 x 79 cm
         
     
Ese busto recostado sobre almohadones bajos,
mientras que entre dos piernas separadas, vibrantes, descubiertas,
una mujer de rodillas, ocupada no se sabe en qué -amor lo sabe- muestra a los dioses la epopeya
cándida de su culo espléndido, espejo claro
de la belleza que allí se quiere ver para creer en sí misma.
Culo femenino, sereno vencedor del culo viril
ya sea efébico o infantil,
culo femenino, culo por encima de todos los culos, culto y gloria.