| Conversatorio de Enrique Peñalosa con artistas, intelectuales y dirigentes culturales | |||||||||||||
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Entre muchas mujeres divinas sobresalían, Jessica De la Peña, cada día más bella. Gloria Zea, directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá MAMBO, el museo cuya fundación fue promovida por Marta Traba en 1955, y que después de muchas frustraciones y peripecias sobrevivió, incluso a la pena de muerte que le impuso la Junta Militar de Gobierno, en 1958, cuando derogó el decreto que le dio vida. Desde 1969, exceptuando su breve estadía en la dirección de Colcultura, Gloria Zea es la directora. Criar, alimentar y vestir a este proyecto insólito, es un acto heroico. Sólo para héroes que conocen su destino incierto. Hoy, el Museo de Arte Moderno de Bogotá MAMBO, es una hermosa construcción de 4000 metros cuadrados que no sirve para nada, es muy pequeño, y no puede exhibir la colección permanente. Es necesario incrementar, a 17.000 metros cuadrados, las áreas de exposición del Museo. En el lote aledaño, cuya extinción de dominio es una realidad, donde funciona el parqueadero y el mercado dominguero de las pulgas, se construirá la ampliación diseñada por Rogelio Salmona, siempre y cuando se consigan los fondos que financien el proyecto. Y esa fue la razón de la presencia de Glorita en el conversatorio. Narró los innumerables sufrimientos y sacrificios, la soledad en que se encuentra, recordó la ayuda del pintor y dibujante, Santiago Cárdenas, (quien estaba presente) que donó un ladrillo, representado en una edición de obra gráfica. Y así, ladrillo a ladrillo, gestionando, pidiendo en tono de súplica, pero con gran energía, le ordenó a Peñalosa que financiara el proyecto de ampliación del MAMBO. Peñalosa sonreía. Qué bueno sería que Glorita lograra culminar este proyecto lo más rápido posible. Antes de que el planeta colapse. Ya son 38 años de luchas sordas. Me da mucha tristeza que tenga que rogar tanto para financiar tan poco. Y a esas horas de la noche. Le hubiera podido dar una pulmonía. Otra princesa intergaláctica estuvo en primera fila: Nelly Peñaranda, la bella y sensual directora del periódico Arteria. Dijo tantas cosas bonitas, no recuerdo sino su excepcional belleza. Entre el grupo de ángeles emergió el crítico y curador Eduardo Serrano. Habló después de Gloria, y sugirió la creación de un comité integrado por artistas, críticos y curadores, que asesoraría al futuro alcalde en todos los aspectos relacionados con la planeación, distribución y manejo del presupuesto de inversiones en proyectos artísticos y culturales. Víctor Laignelet manifestó que ese comité ya existía, y que él hacía parte de ese comité que había asesorado a Planeación Distrital, en la gestión y proyección de los innumerables eventos artísticos y culturales que inundan la atmósfera folclorista, popular y teórica. Y siguiendo con la pedidora, el director de la Bienal del Barrio Venecia, Franklin Aguirre, manifestó que él había realizado, durante los últimos 12 años, varias bienales, con recursos propios y ningún aporte de Distrito, pero que la plata no le alcanzaba para nada. Que necesitaba mucho dinero, siquiera unos 500 millones de pesos para lograr hacer algo más representativo que el Salón Nacional de Artistas, y además, que de acuerdo con las teorías de las prácticas artísticas contemporáneas, había que teorizar más sobre las teorías de las prácticas artísticas contemporáneas. Peñalosa, sonriente, le respondió que en el Distrito había 250.000 millones para la inversión en proyectos culturales. Que hablara con los ediles de la alcaldía respectiva. Mejor dicho, que se moviera más. Que lagarteara más. Otro dijo que se llamaba Franklin Carrión, y que dirigía el Centro Cultural Carrión Vivar, y que era constructor, y que bla-bla-blá. Otro ángel dijo que la Corporación La Candelaria era un despropósito. Y otro, del mismo barrio, dijo que necesitaba un lote para construir un acuario, y Esteban Jaramillo, director de la Galería y moderador del evento, dijo que también iba a invitar a otro candidato, a Samy, y que buenas noches. Entre los asistentes, bien atrás, silenciosos y analíticos, estaban Jim Amaral y Olga de Amaral, Carlos Granada, Alonso Restrepo y Karen, y los dibujantes David Manzur y Rafael Penagos, y otros 143 a quienes no distinguí. Y a mi lado, la bella, silenciosa y escéptica Margarita Ariza. Y el director del Museo Arte Erótico Americano MaReA, el primer museo de arte erótico fundado en América, el pionero, el más postvanguardista, el que no tiene sede propia sino itinerante, y virtual, el único museo que desembrutece y defiende la libertad y el desorden, el único museo que no mendiga recursos estatales ni vive de las migajas que botan los burócratas, el único museo que no se arrodilla, ni suplica; el museo, que si tuviera sede propia, convertiría a la capital de Colombia en la capital turística de occidente, sí, el señor director de este museo también sonreía en silencio. Se acordaba que Peñalosa fue el único alcalde que apoyó la Bienal de Amor & Éxtasis, en 2000, cuando se inició el Proyecto-Proceso del MaReA. Cuando Bogotá estaba 2600 metros más cerca de las estrellas. Como el que menos corre vuela, tengan por seguro, todos los asistentes a este conversatorio, que si Enrique Peñalosa es elegido alcalde, todos los recursos serán para el proyecto-proceso del MaReA, el único original, diferente, festivo y desembrutecedor. El único que no está inmerso en el despilfarro de la estética del subdesarrollo. |
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