Burgos, erotómano feroz


De las frías montañas de San Juan de Pasto y de las piernas abiertas de sus cómplices nariñenses, salta a Bogotá, para su primera exposición individual, Edwin Burgos, maestro en Artes Visuales de la Universidad de Nariño.

Descendiente directo de los artistas de la Cultura Tumaco, naturalistas que trabajaron en cerámica todo el proceso erótico y modelaron al detalle sexos masculinos que sirvieron de consoladores a las solitarias afligidas. Cerámicas de contenido erótico que lograron sobrevivir al exterminio de la policía clerical de occidente aculturizadora y embrutecedora.

Burgos trajo a Bogotá su carga de erotismo desbordado. En la Delegación de Nariño está expuesto su imaginario: 18 mixtografías e igual número de poemas.

Nos muestra su realidad sin la dura realidad de la guerra y de la muerte. Su realidad de vida y de placer entre tanto llanto, realidad plena de espíritu erótico desenfrenado.

La obra gráfica de Burgos muestra que es un buen dibujante y experimentador feroz de los procesos gráficos. Su lenguaje personal de ver y captar las formas nos lleva al poderoso universo de Eros. Evoca momentos sublimes de las desfloraciones de las orquideas de las muchachas que se enloquecieron de placer y exhalaron aromas y néctares de exportación. Burgos es sólo el vehículo para causar placer extremo a las compañeras practicantes del Tao, máquinas eróticas libidinosas y multiorgásmicas.

También es un poeta. Porque todos los humanos y extraterrestres son poetas, así el poeta-antipoeta Nicanor Parra hubiera dicho que "todo es poesía menos la poesía", y que el Monje Loco, alias del poeta nadaista Elmo Valencia, haya dicho que "en este país quien no se cree poeta se cree importante".

Lo importante a la hora de la verdad es un poeta que despierte al rebaño de su eterna impotencia.

FERNANDO GUINARD