Nocturno

Oh dulce niña pálida, que como un montón de oro
de tu inocencia cándida conservas el tesoro;
      a quien los más audaces, en locos devaneos
      jamás se han acercado con carnales deseos;
tú, que adivinar dejas inocencias extrañas
en tus ojos velados por sedosas pestañas,
     y en cuyos dulces labios –abiertos sólo al rezo-
     jamás se habrá posado ni la sombra de un beso…
Dime, quedo, en secreto, al oído muy paso,
con esa voz que tiene suavidades de raso;
     si entrevieras en sueños  a aquel con quien tu sueñas,
     tras las horas de baile rápidas y risueñas,
y sintieras sus labios anidarse en tu boca
y recorrer tu cuerpo, y en su lascivia loca,
     besar todos sus pliegues de tibio aroma llenos
     y las rígidas puntas rosadas de tus senos;
si en los locos, ardientes y profundos abrazos,
agonizar soñaras de placer en sus brazos,
     por aquel de quien eres todas las alegrías,
     ¡oh dulce niña pálida!, dí, ¿te resistirías?...



José Asunción Silva
(1865 - 1896)
(Colombia)

 
 

Andrés de Santamaría (1860 – 1945)
Mujeres en la fuente, 1906
Óleo sobre lienzo
Colección Particular
47 x 57 cm

 
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