Oda a los muchachos
Muchachos que cabalgan en los crepúsculos
levantando quejidos que se infiltran en la luna
Corren tiernos a la pasión desaforada enamorados del deseo
con olores a lácteos y a infiernos.
Rapiñas solares
desnudos excitantes
instantes de encuentros en los portales de las tardes.
Y al pasar de las horas no quedan sino
unas terribles ganas de otro encuentro.
Encuentro con el mismo o con otros
que dicen lo mismo
se quejan de todo
se ríen de todo
y todo les satisface sin alcanzarles y sin sobras
sólo el tiempo andante sin memoria
perverso asesino del romance. Boquitas de miel
tetillas de estrellas
cabellos de caballos alados
nalguitas de nácar y duraznos
miembros erectos como redes que atrapan
lujurias y lenguas oscuras
caricias que perforan el alma. |